Me la bufa

02.04.2017 | 04:45
Román Álvarez

Atónitos debieron de quedarse sus señorías cuando hace poco el gran timonel de Podemos y amado líder redentor de la clase obrera --ese que se lava la coleta con champú anticasta--se descolgó con un rosario de expresiones de dudoso encaje en tan solemne lugar, a propósito de no sé qué anodina pregunta al presidente del Gobierno. Y digo anodina porque eso mismo o algo muy similar se lo habrán preguntado ya decenas de veces en sede parlamentaria.
No es que los castos oídos de nuestros diputados se sobresalten ante una exhibición de lenguaje barriobajero, cual adolescentes azoradas que se ruborizan al primer requiebro salido de tono que les lanza el brutico de la clase. Lo que pasa es que hay una tradicional cortesía parlamentaria que vela por que ciertos excesos verbales se refrenen en la medida de lo posible, aun a pesar de lo fogoso de los argumentos y lo áspero de algunas disputas en el seno –o en las bancadas„del hemiciclo.
Estas expresiones, por mucho que provengan de un brioso y arrogante orador, casan mal con lo que se espera de un ciudadano educado y diz que universitario. No nos escandalizamos del uso inadecuado del lenguaje, sino del uso de determinado registro lingüístico en un contexto en el que no resulta habitual (aunque a saber qué ocurrirá con el tiempo si el ejemplo cunde entre los miembros de la Cámara).

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