Posverdad nacionalista

30.03.2017 | 04:45
Tomás Pérez Delgado

En estos tiempos de postverdad, en que la propaganda tiende a desplazar a la discusión racional, el nacionalismo tiene su hueco. Y es que todo nacionalismo postula un Estado propio y exclusivo para una comunidad definida como nación y, por tanto, soberana, por más que se pueda hallarse anulada por un ominoso opresor. No importa cómo vivan realmente los miembros de la comunidad. Lo decisivo es realizar el sueño de su soberanía.
A ello dedica la Generalidad su tiempo y sus recursos. A desconectar de España y a movilizar a la población para crear el conflicto que, con ocasión del referéndum, permita romper con el Estado. Y a predicar ese evangelio ha ido Puigdemont a Harvard, olvidando encontrarse en un país cuyo mayor conflicto histórico fue una Guerra de Secesión. Ha llevado, eso sí, una aportación teórica nueva: la de que España es un Estado atrasado, similar a Turquía, dispuesto a aplastar por la fuerza la libertad catalana. Dejando aparte el tufo paleomarxista que emana de la tesis –inspirada por Romeva- de que España es un Estado sultanístico como Turquía, lo cierto es que Puigdemont se ha visto contradicho por la oferta de Rajoy de invertir hasta 4.200.000.000 € en Cataluña de aquí a 2020. Pero además, un observador imparcial podría constatar que al President le ha sucedido estos días lo que a su antecesor en 2015: no ha sido recibido por ninguna autoridad norteamericana. A ningún nivel.

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