Reconstruyendo nuestra historia

27.03.2017 | 01:25
Reconstruyendo nuestra historia

Las murallas de Salamanca han servido siempre de estorvo (sic) y para comprometer la ciudad en todos tiempos. Recientemente se ha tratado de caerlas; el día que esto se verifique estará de enhorabuena toda la población". La sentencia es de 1863 y corresponde a los autores Juan Barco López y Ramón Girón en su edición ampliada de la Historia de Salamanca que el sacerdote de La Mata de Armuña e historiador Bernardo Dorado escribió justo un siglo antes. En el año 1707 se emprendió la reedificación de las murallas, dañadas por los combates ocurridos en la capital charra en la guerra del Secesión a inicios del siglo XVIII y los citados autores censuraban con una nota a pie de pagina una obra a la que la Universidad de Salamanca contribuyó con doscientos pesos de la época. Si la tercera temporada de la serie de TVE ´El Ministerio del Tiempo´ nos condujera a la segunda mitad del siglo XIX, tal vez comprenderíamos que para nuestros ancestros de entonces las murallas que delimitaban históricamente el perímetro de los cascos urbanos se habían convertido en un molesto corsé para el desarrollo urbanístico. Resulta comprensible que, ante el grave deterioro que muchas de estas construcciones presentaban y desaparecidas sus utilidades defensivas y recaudatorias, era el momento de echar mano del pico y dejar que entrase el aire.
Hoy es tiempo de proteger y recuperar. Hemos asimilado el concepto de patrimonio histórico como riqueza cultural que interesa defender, y nuestra arquitectura, que refleja en sus distintas etapas nuestra propia identidad como pueblo, es un potencial turístico que atraerá visitantes y recursos para nuestra economía. Si la recuperación de nuestras murallas y castillos cumple ya varias décadas de interesantes logros a ritmo desigual, las instituciones públicas han decidido ahora renovar su apuesta por sus fortalezas históricas y poco a poco van destinando más fondos a su restauración. Nunca es tarde para dar pasos en la dirección correcta, porque los resultados serán sin duda beneficiosos. Pero hay mucha faena por delante.
Entre las acertadas iniciativas emprendidas en los últimos años en la provincia de Salamanca, incluyendo las más recientes mencionadas ayer en LA GACETA, la concepción y ejecución de la Ruta de las Fortificaciones de la Frontera me parece la apuesta más decidida por el aprovechamiento para el turismo y la divulgación de nuestras viejas piedras defensivas. Siglos de historia junto a la Raya portuguesa han contribuido a marcar el carácter de muchas de las construcciones de nuestro territorio, y esta ruta, impulsada por la vocación social de las cajas de ahorros y la Junta a través de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, supo enhebrar y dar sentido a notables hitos arquitectónicos de la historia de Salamanca para muchos olvidados. El imponente castro vetón de Yecla de Yeltes, el estilizado castillo que domina los tejados de San Felices de los Gallegos, la espectacular ciudadela militar de Aldea del Obispo y la casi intacta muralla de Ciudad Rodrigo volvieron a contar sus viejas historias de batallas cruentas contra los vecinos y luchas fratricidas.

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