Librerías

20.03.2017 | 04:45
Librerías

En Salamanca, especialmente en Salamanca, las librerías deberían ser declaradas especie protegida. Los bares, también, pero hoy miro a las librerías con ese olor especial que emiten las historias que se concentran en sus estanterías. Ese olor a papel impreso y goma de borrar "Milán" está en nuestra memoria desde que somos niños. Recordamos sin esfuerzo el olor de la goma de nata y el de los libros de texto recién iniciado el curso. Algunos, por edad, además, el de la tinta de la pluma estilográfica que nos regalaban en la primera comunión. Esta, que es una ciudad de letras, escritores, lectores y personajes creados, debiera proteger de alguna manera las librerías, como la "corsaria", de Rafael Arias, que acaba de cumplir dos años. En ellos, he pescado algunos buenos libros aconsejado por Rafa y he asistido a presentaciones muy interesantes. Por ejemplo, conocí en ella a Cristina Fernández Cubas, Premio Nacional de Narrativa, con cuyos inquietantes cuentos sacudo algunas noches de insomnio. Porque hoy, las librerías, además de recetar libros al gusto se han diversificado. En otra de mis librerías de cabecera, en la Plaza de la Fuente, se sirven discos y cafés, y hay conciertos alguna que otra vez. En ella presenté el libro de dichos de Pelayo, alter ego de José Antonio Sayagués, cuyas memorias serán presentadas en breve aquí en Salamanca. A día de hoy, cuando veo en la calle a Jesús Sánchez Ruipérez, siento nostalgia de su librería, en la que había de todo y concitaba unas colas tremendas en sus puertas al inicio de curso. Fue más que una librería y de ella conservo una fotografía de Camilo José Cela firmando libros entre sus estanterías. Cela llevaba barba. Algunos de sus extraordinarios empleados siguen en el oficio, por ejemplo, en la que abrió en Gran Vía, y hace poco se inauguró en Brocense otra librería regentada por Juan, otro clásico de "Cervantes", a la que ha puesto el apodo de Beatriz Galindo. Por la misma zona, Sol Oriente, se ha instalado recientemente otra de temática infantil y juvenil que hacía pared con los cines Van Dyck: suerte a Sagrario y María.
No puedo resistirme a la atracción de los libros, que habitan en las librerías y las bibliotecas. Me fascina imaginar vidas que otros han vivido, meterme en ellas y vampirizarlas. Y nunca he comprendido que la Seguridad Social no recete más libros y entradas para conciertos o sesiones de humor en lugar tantas pastillas. Por ejemplo, para Chefs, de Yllana, representada en el Liceo hace unas horas, resulta ser un estupendo ansiolítico y antidepresivo gracias al trabajo de César Maroto, Carlos Jano, Rubén Hernández, Susna Cortés y Antonio de la Fuente, y nos hace ver el trabajo de nuestros cocineros como lo que realmente es: una tarea de locos. A veces tiene algo de cuento de hadas.

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