La difícil bicefalia

19.03.2017 | 04:45
Julián Ballestero

El PP de Castilla y León inauguró con las primarias del pasado viernes un tiempo nuevo. La llegada a la Presidencia de Alfonso Fernández Mañueco en el congreso del 1 de abril representa mucho más que la sucesión de Juan Vicente Herrera: supone una revolución, un cambio de rumbo y una renovación a fondo de las anquilosadas estructuras del partido que ha marcado la vida política de la Comunidad autónoma desde hace treinta años.
Al contrario de lo que ocurrió con la designación de Juan José Lucas y del propio Herrera, que llegaron a lo más alto del partido gracias al dedo todopoderoso, Fernández Mañueco se alza a la presidencia con toda la legitimidad y toda la fuerza que otorga el apoyo masivo de la militancia a su candidatura frente a la de Antonio Silván. El resultado de las votaciones en las sedes fue una victoria por aplastamiento, un éxito sorprendente por la diferencia en votos, más del doble, y por la extensión en el territorio: barrió al candidato leonés en seis de las nueve provincias y se impuso también, aunque por un margen menor, en Valladolid, con todo el aparato de la Junta en su contra.
La fuerza de esta victoria no tiene precedentes en la historia del PP castellano y leonés y no puede ser despreciada por la ´presunta´ escasa participación. En realidad, en el PP regional solo había diez mil afiliados que estaban pagando sus cuotas: esos eran los verdaderos militantes, porque los otros cuarenta mil que llevan años sin pagar no sirven para nada. Si acaso para engordar el número de compromisarios en los congresos regionales. Pues bien, a las urnas acudieron siete mil verdaderos militantes, y de ellos el 68% mostraron su apoyo a Mañueco. En los tiempos políticos que vivimos, esta participación debería considerarse al menos como alta (en Podemos nunca han superado el 34%).
Todos esos datos dejan claro que no ganaron los dos candidatos, como aseguraba ayer Herrera, sino que venció uno, Alfonso Fernández Mañueco, y con una contundencia aplastante. Perdió Silván y perdió Herrera.
Esa mala lectura de los resultados por parte del todavía presidente del PP regional constituye uno de los errores que van a complicar de forma notable la cohabitación entre el titular de la Junta y el número uno del partido. Las otras equivocaciones han sido más graves: los reiterados intentos por imponer un sucesor para frenar a su secretario regional y alcalde de Salamanca (desde Rosa Valdeón a Silván pasando por Pablo Casado), o el haber permitido a los más significados miembros de su Gobierno que se pronunciaran a favor del aspirante leonés.

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