El triángulo histórico

11.03.2017 | 04:45
José Antonio Bonilla

Salamnaca, como sabe el lector, tiene un triángulo histórico de proyección universal que la rodea, cuyos vértices son: Valcuevo, los Arapiles y la Flecha. El primero está a cinco minutos en coche, por la carretera de Ledesma, lugar donde Colón recibió el respaldo de los sabios dominicos, para ir a descubrir las Indias Occidentales, luego resultó ser el Nuevo Mundo. Mariano Solís, en 1866, costeó el monumento. Entre la carretera de Béjar y la de Alba, tuvo lugar la batalla de los Arapiles, de trascendental importancia, según dijo el historiador Masson que "El cañón de los Arapiles dobla a muerte por la dominación francesa en España". Un monolito en lo más alto la recuerda. Por el antiguo camino real, hoy carretera de Aldelengua, a legua y media, se encuentra la Flecha y el maltrecho monumento a Fray Luis. Cuatro columnas aún erguidas, las dos más próximas sostenían un dintel con el nombre de Fray Luis de León, fue colocado en la Isla del Soto en el segundo congreso de poesía en Salamanca, en 1953, "la fina sensibilidad de Joaquín Pérez Villanueva" como lo definió E. de Sena, que además añadió: eran años difíciles para promover una empresa cultural abierta, en los que hacer algo bien, podrían ocasionarles "cosas molestas". Así, en virtud de la ley de la alharaca y batiburrillo a Pérez Villanueva y Antonio Tovar y a otros, se los ha retirado de fundadores del Centro de Estudios Salmantinos.

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