Lo viejo y lo nuevo

05.03.2017 | 04:45
Joaquín Leguina

"El auténtico político no es el que pone
su vela al viento de la opinión pública
sino el que es capaz de decirle
al pueblo: No tienes razón".
Luis Jiménez de Asúa

Los partidos en España –que nunca fueron fuertes, aunque sí poderosos- se han ido convirtiendo en unas élites que se reparten cargos y, por lo tanto, son enemigos del debate y de la participación, y ven en quien viene con intención de trabajar no a un futuro colaborador, sino a un competidor.
Por otro lado, en el ámbito partidario se ha ido creando una "profesionalización" que tiende a sofocar la vida interna. Profesionalización que se usa para saltar desde los cargos burocráticos a la vida pública, constituyendo así una endogamia detestable. Burócratas orgánicos y cargos públicos son hoy indistinguibles, pues pasan de una categoría la otra con suma facilidad.
Mientras no se separen las escalas y las funciones, haciéndolas estancas, es decir, impidiendo el paso de burócratas a representantes políticos, la endogamia irá creciendo. Un entramado burocrático arrasador para las nuevas ideas. Por eso las aportaciones ideológicas y políticas que salen de los partidos son cada vez más limitadas y obsecuentes.

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