La chica de las curvas

04.03.2017 | 04:45
Alberto Estella

No recuerdo cuando aprendí a distinguir entre la línea recta y la curva. Supongo que sería de chico en la escuela, en clase de geometría. Pero me quedé para siempre con la diferencia por algo que me repetía la maestra después de peinarme: "esa raya tiene más curvas que el camino de Valero". No ponía atención en trazarme la raya del pelo. Años después, la primera vez que bajé desde San Miguel de Valero a Valero, no sé cuantos kilómetros sin una mala recta que llevarse al volante –vete más despacio que me mareo–, comprendí porqué la Patro me decía aquello.
Por entonces no había conflicto con las líneas femeninas. Las mujeres flacas y angulosas no solían estarlo voluntariamente, sino por problemas como la tisis, al hermoso estilo de Margarita Gautier; y las rellenitas, con mucha "romana" – que decía el bárbaro de Camilo J. Cela–, no se preocupaban demasiado de la báscula. Lo sexy durante siglos fue la mujer grande, sin llegar a la caballuna Mari Santpere, por más que el Arcipreste de Hita hiciera en su "Libro del Buen Amor" un elogio desmesurado de las pequeñitas: "La mujer chica tiene mucha beldad, / hermosura y donaire, amor y lealtad. / Chica es la calandria y chico el ruiseñor€".

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