Muros y desfiles

29.01.2017 | 21:53
Santiago Juanes

Tengo edad suficiente para haber visto cómo se levantaban muros infranqueables que después eran sorteados o derribados. Y si no lo digo, reviento. Salamanca tuvo varios muros que la protegían de enemigos, pero estos, tarde o temprano, terminaban entrando, y mire usted qué queda de ellos: escasas piedras. En una de estas, 1808, entraron los franceses de Napoleón. Horas antes se destruyó el medallón de Godoy, puesto en la Plaza Mayor por el pelota del gobernador, Marqués de Zayas. El episodio lo encuentra en el libro de Ricardo Robledo "Salamanca, ciudad de paso, ciudad ocupada", en el que da voz a algunos testigos como Zahonero, que cuenta cómo "se alborotaron los estudiantes, vinieron a la Plaza y encontraron en ella al Marqués de Zayas, gobernador de este pueblo, después de apedrear la medalla, le obligaron a que trajese un pica pedrero y mandase a este picar dicha medalla de Godoy?". Los restos aún pueden verse junto al arco de Prior, como puede verse el tirón que tiene el asunto del medallón de Franco, más fotografiado que nunca, como pude comprobar el viernes por la noche: un desfile interminable, y que nada tienen que ver con los nupciales de estos días en el Palacio de Congresos por la Feria de la Boda.

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