Son gestos, sólo gestos

25.01.2017 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

No hay dos países iguales por mucho que algunos se parezcan entre sí y compartan historia, lengua, cultura, religión, destino, intereses, valores, campos de batalla, civilización€. Cada país es como es por lo que es en relación a los demás. Si existen diferencias es porque hay otros países a los que comparar y se les compara, bien con la idea de enaltecer sus cualidades y aprender de ellas, bien con la idea contraria.
El pasado viernes se celebró en Washington el acto de la jura y toma de posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ajustado de manera rigurosa y exquisita al ritual marcado por la norma establecida que todos los presentes, fueran quienes fueren, les gustara o no, tenían que respetar, porque en toda esa parafernalia los americanos vierten a raudales su propia esencia que para ellos es sagrada y merece por tanto el máximo respeto. Y si algo se vio y se sintió durante aquella larga y multitudinaria ceremonia fue el respeto a las formas establecidas, es decir, el respeto a ellos mismos por ellos mismos. Por eso los Estados Unidos de América ha sido, es y lo seguirá siendo un gran país, lo presida quien lo presida.
Que muy cerca de allí otra multitud manifestaba su indignación contra quien en aquellos mismos momentos se convertía (jurando sobre la Biblia, la misma sobre la que juró Abraham Lincoln hace 156 años) en el presidente de todos ellos lo quisieran o no para nada ensombreció la solemnidad del acto que las televisiones de todo el mundo civilizado dieron en directo fuese cual fuese la hora del lugar.

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