Caldera ha vuelto

24.01.2017 | 04:45
M. Vicente

El "susanismo" ha hecho emerger a algunos cadáveres políticos. Sánchez los había condenado al ostracismo porque llevaban demasiado en la pomada del coche oficial, casi casi desde que a los del partido del puño y la rosa se les identificaba con la pana. Hoy, como hasta la moda se ha globalizado, los de izquierdas de toda la vida ya visten de Ralph Lauren, el sastre de cabecera de la primera dama de Estados Unidos.
Me llamó mucho la atención que Jesús Caldera Sánchez-Capitán reapareciera de nuevo el sábado con motivo de la visita de Susana Díaz como "no candidata" a la secretaría general del PSOE. Hacía tiempo -ya ni me acuerdo- que exministro no participaba en un acto de su partido en Salamanca, creía incluso que se había dado de baja para militar en la capital, porque hubo una época en la que el bejarano nos miraba por encima del hombro y parecía que Salamanca se le había quedado pequeña para sus ambiciosas aspiraciones políticas.
De las pocas decisiones coherentes y sensatas que tomó Pedro Sánchez al llegar a la secretaría general del PSOE fue apear a Caldera y mandarlo al Ayuntamiento de Ávila para que bajara a la tierra y tomara contacto con la realidad, que después de 33 años sentando sus posaderas en el Congreso y con chófer que le trasladara de acá y para allá, debió de pensar que la vida era de color rojo púrpura.
Siempre fue un engolado resentido con el mundo, pero desde que trabó amistad con Zapatero, no había quién le tosiera. Ni pisaba el partido ni hacía vida en el mismo. Él estaba por encima del bien y del mal y hubo una época en que ni siquiera se atrevían a reclamarle las cuotas que debía en el partido. Parece ser que ya se ha puesto al día y que paga religiosamente como cualquier afiliado. Pero les aseguro que Caldera fue moroso, según cuentan viejos militantes que estaban al cabo de la calle de las cuitas del bejarano.
Parece que la "oveja negra" ha vuelto al redil para disgusto de muchos compañeros de militancia salmantina, que se frotaron las manos y aplaudieron con las orejas cuando el apestado Sánchez le agradeció los servicios prestados con una palmadita en la espalda. Nada de homenajes.

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