Al menos piden perdón

23.01.2017 | 04:45
Al menos piden perdón

Que un ministro del Gobierno de España pida perdón a los ciudadanos siempre será noticia destacada en este país por lo inusual. Que lo hagan dos en la misma semana es una coincidencia que podría tacharse de histórica. O quizás no sea tan casual porque nos encontremos ante un nuevo talante de nuestros gobernantes. Primero fue María Dolores de Cospedal la que el martes bajó la cabeza ante las víctimas del accidente del Yak 42 afirmando que no tenia ningún problema en pedir "perdón en nombre del Estado" por no haber reconocido antes su responsabilidad en el siniestro. Y apenas tres días después, era el ministro de Fomento Íñigo de la Serna quien pedía disculpas por los problemas originados en carreteras y ferrocarriles a raíz de la ola de frío que ha azotado a nuestro país esta semana.
Algo esta cambiando en la Moncloa cuando los ministros de Rajoy aceptan que a veces se equivocan. A la responsable de Defensa no le quedaba otra después del informe del Consejo de Estado que evidenciaba la nefasta gestión de su antecesor Trillo en la catástrofe del avión militar. Y aunque la disculpa sonó algo forzada, como la del matón del colegio al que su padre obliga a pedir perdón a su víctima mientras le retuerce la oreja, lo cierto es que sirvió para zanjar las reclamaciones de las familias y desactivó las críticas de la oposición parlamentaria. En el caso de las nevadas, la petición de disculpas de De la Serna no me admira tanto como me sorprende. El hecho incontestable es que media España no está preparada para una nevada tan descomunal y generalizada como la que nos sorprendió esta semana. Y creo que nunca llegará a estarlo. En las provincias levantinas y en Andalucía se frotaban los ojos ante lo insólito del blanco paisaje y después también las manos para sacarse el frío. El ciudadano agradece que el ministro pida perdón, pero la naturaleza no tiene por costumbre seguir guión alguno, y aunque la meteorología haya avanzado una barbaridad en su capacidad para predecir los desastres, la historia reciente está plagada de catástrofes que entraban dentro de lo previsible pero cuyas consecuencias desbordaron los recursos disponibles. Y aquí siempre recuerdo la impotencia de la administración Bush para gestionar los efectos del huracán Katrina, que arrasó en 2005 el sudeste de Estados Unidos, y sobre todo para controlar los disturbios que sucedieron a continuación. Murieron entonces 1.833 personas en el país considerado como la primera potencia mundial.
Poco antes del Katrina, en las anteriores Navidades, el planeta se conmovió con la peor catástrofe que la mayoría de nosotros hemos conocido en vida: el terremoto y posterior tsunami que asoló el sudeste asiático. Nunca olvidaré ese 26 de diciembre de 2004, pero curiosamente no por el tsunami, sino porque seguí aquellas terribles noticias por la radio de mi coche, atrapado junto con otros 3.000 vehículos más, dentro un monumental e histórico atasco en la nevada autopista entre Briviesca y Burgos. Recorrer esos 45 kilómetros nos llevó nada menos que doce horas.

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