Las memorias de un periodista

23.01.2017 | 04:45
Las memorias de un periodista

Llega a las librerías la primera entrega de las memorias de Juan Luis Cebrián, que durante tantos años ha sido director del diario El País. Título inevitable del libro: Primera Página.
Me he acercado con interés al texto, movido por mi impenitente condición de lector de País, desde el primer número que salió de su rotativa en convulso 5 de Mayo de 1976 y fue un acontecimiento memorable, porque muy pronto el periódico se convirtió en poderoso foco informativo y editorial que pautó los tropezados pasos de la transición.
Las memorias de Cebrián tienen muchos párrafos destinados al autobombo, inevitables en todo memorialista, que aquí siempre se presenta con su perfil más progresista y casi izquierdista, se vanagloria de su relevancia política y abunda cansinamente en las polémicas guerras por el control del poder en las batallas mercantiles del grupo Prisa.
Pero el libro para los aficionados al periodismo es un festín. Un banquete de novedades, de anécdotas, de situaciones de las que teníamos lejanos recuerdos: nombramiento de Adolfo Suárez, golpe de 23 F. La llegada del
PSOE al poder en 1982, el Referéndum sobre la OTAN y tantos sucesos que ahora recordamos por los ojos y las palabras de Cebrián. Actor que nos devuelve a ellos guiados por su prosa eficaz, precisa y transparente y por su impecable sentido del relato periodístico ágil, solvente y ameno.
Son brillantes los retratos que hace de algunos de los políticos de la transición, cruel el de Areilza, claroscuro el de Suárez, tejido de luces y sombras, afectuoso y positivo aunque con altibajos el de Felipe González, displicente el de Alfonso Guerra y muy interesantes los de sus amigos escritores: Márquez, Llosa, Fuentes, Goytisolo etc.
Con todo el capítulo más tronchante e incalificable es el de la boda de Jesús Aguirre con la Duquesa de Alba en el Palacio de Liria. Un episodio carpetovetónico, digno del mejor Berlanga. Solo por leer esas páginas merece la pena la edición.
Cebrián amplifica, cómo no, su papel de protagonista, lazarillo de aquella época confusa y abigarrada, donde la política se resolvía a las tantas de la mañana y los periodistas se pasaban media vida entrando y saliendo de los juzgados, él mismo según cuenta llegó a estar procesado muchas veces.

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