Los globos de la ministra novata

12.01.2017 | 04:45
Julián Ballestero

Dolores Montserrat, como buena vecina de San Sadurní de Noya, debería saber que los experimentos se hacen con gaseosa, y no con cava. Y como buena licenciada universitaria y buena ministra (es un decir) debería ser consciente de que los globos sonda no deben llenarse de hidrógeno, gas inflamable, sino de helio, un gas inerte que no arde. Ya ha lanzado un par de ellos y le han estallado los dos en las narices.
En realidad, a los miembros del Gobierno debería estarles prohibido el uso de globos, que los carga el diablo.
Esta Dolores de nuestros dolores, ministra novata de Sanidad, la lio parda nada más estrenar el cargo, cuando anunció, durante su comparecencia en el Congreso, que iba a cambiar la ley del aborto, para asegurar a las pocas horas que "el PP no va a cambiar ni un ápice el posicionamiento sobre el aborto, que quede bien claro". Aquello se lo perdonamos por los nervios del debut, pero parece que no ha escarmentado y ha vuelto a liarla con el copago farmacéutico, anunciando un endurecimiento para los pensionistas que más cobran.
Después ha venido a decir lo de siempre, que se le entendió mal, que la culpa es de la prensa... Pero claro, cuando dices, textualmente, que hay que revisar el copago en los tramos de pensiones de entre 18.000 y 100.000 euros y que el Gobierno "debería ajustarlo mejor: quien más tiene debería pagar más", ¿cómo lo interpretamos? Blanco y en botella, leche; y espumoso y en botella, cava.
En fin, que a lo mejor tenía razón, pero la pobre ha tenido que recular de manera bochornosa tras haber causado desasosiego en los jubilados y profundo cabreo entre los comunicadores y asesores de imagen reunidos en Génova 13. Además, no tiene perdón que como ex alcaldesa y brillante postgrado en Negociación, no sea consciente de la situación de su partido en el Congreso, que le obligaría a pactar el endurecimiento del copago con una oposición reacia a cualquier tipo de recortes en sanidad y pensiones. Sería imposible.
La ministra podría haber tenido razón en el fondo, porque el copago, bien entendido y bien aplicado, no debería suponer un recorte de los derechos de los jubilados. El cobro de una pequeña parte del coste de las medicinas tiene sentido si se concibe como una medida para evitar abusos y despilfarro en el gasto farmacéutico público. Las cantidades que se cobran a los pensionistas no suponen de ninguna forma un quebranto de su economía: 8 euros al mes como máximo para los que menos reciben del Estado, 18 euros para el tramo entre 18.000 y 100.000 euros (no hay pensiones de esa cuantía, pero sí pensionistas que pueden ingresar al cabo del año, sumando otros conceptos, esos cien mil) y 61 euros mensuales a partir de ahí.

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