Donde habita el recuerdo

24.12.2016 | 04:45
Alberto Estella

Antes de que quieras enterarte, lo que se dice en un plis-plas, ya tenemos otra Nochebuena. Y un diminuto churumbel de barro que se te ha colado en el hogar, te sonríe desde la cuna, te dice como si fuera Terradellas ya soc aquí, y parece recordarte, ¡vamos!, que he nacido y eres cristiano, debes celebrarlo, dejarte invadir por la ternura y el espíritu navideño, si, aunque te cueste, ¿pero es que no lees la cantidad de mensajes, emails y guasaps de paz y amor que estás recibiendo?, no seas duro de corazón, déjate llevar del ambiente propenso a la amistad y el afecto, imprégnate de mi sonrisa inocente, que te ofrezco aunque esté tiritando „porque no me es suficiente el aliento del buey„, alégrate caramba, que me manda mi Padre para redimirte y me vas a tener que llamar "Salvador", porque traigo esperanza€
Si, pero antes de ir a juntarme con mi gente, de cenar, de intercambiar regalos y afectos, tengo que escribir la columna, y no sé qué decir. Este año, por vez primera, ha tocado que me lean en Nochebuena y me he quedado en blanco. No me ha anegado aún esa conocida terneza navideña, que penetra incluso en los más ariscos, ni acuden en mi socorro las musas habituales, porque se han ido a celebrar la fiestas sin permiso, dejándome huérfano de ideas.

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