"Resolver" en Cuba

30.11.2016 | 04:45
César Lumbreras

¡Solo a mí se me ocurre afeitarme en Cuba sin haber llevado los instrumentos adecuados! Era el otoño de 1990 y la isla se encontraba en "periodo especial", porque había dejado de llegar la ayuda de la URSS. Era también mi primer viaje a La Habana. Cogí un taxi y tras recorrer ocho "diplotiendas", a las que solo tenían acceso los turistas y diplomáticos en posesión de dólares (entonces uno de los mayores delitos de un cubano era la tenencia de esta moneda) encontré los tres instrumentos básicos: espuma de afeitar, maquinilla y cuchillas. A mitad de ese periplo el taxista pidió un favor: "tengo una niña pequeña de meses, está escocida y no disponemos de polvos de talco, puede comprar algún paquete?", me dijo. Respondí que sí y después de visitar otro par de "diplotiendas" dimos con la preciada mercancía. Para que viese que era verdad, él se sintió en la obligación de llevarme a su casa y presentarme a su mujer, su hijita y también a su suegro, que había acompañado a Fidel en su entrada en la capital cuando triunfó la revolución.

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