El siglo de Pepe Núñez Larraz

30.05.2016 | 00:25
El siglo de Pepe Núñez Larraz
El siglo de Pepe Núñez Larraz

Se cumple este 2016 el centenario del nacimiento del gran fotógrafo e impresor José Núñez Larraz, y afortunadamente sus amigos, que son muchos y sus hijos que son dos, se han conjurado con algunas de las instituciones culturales más dinámicas de la ciudad: La Filmoteca, que con tanto acierto dirige Maite Conesa, el Museo Provincial, y el Archivo Municipal, para ofrecernos una magna muestra de la obra de este extraordinario fotógrafo que nos dejó en 1995.
Para ampliar el perfil del Pepe Núñez y para evocar una vez más su vida, propia de un personaje literario, cuajada de situaciones extremas: guerra, exilio, aventura, deporte, política, familia y sobre todo fotografía, nos reunimos sus amigos y familiares en la Casa de las Conchas y pasamos un par de horas muy entretenidas, recordando su jugoso anecdotario, su polifacética personalidad y su altísimo rango dentro del mundo de la fotografía, en el que según testimonio de muchos de los fotógrafos allí presentes, que fueron sus discípulos y amigos : Vitorino, Arroyo ...y del filólogo Fernando R. de la Flor, no ocupa ni de lejos el lugar que le corresponde.
La reunión abierta y franca, como le hubiera gustado a Pepe que era un tipo de una extraordinaria cordialidad, parecía una de aquellas tertulias familiares que tantas tardes se celebraban en su casa, al amparo de la camilla de Angelita, su mujer, donde se hablaba en tiempos más oprobioso, con total libertad de todo lo divino y lo humano.
Porque Pepe, que fue siempre un hombre de izquierdas, al que la dictadura maltrató, no fue nunca un sectario, ni siquiera en política y siempre compartió su vida y su pasión fotográfica con cuántos se cruzaron en su camino.
Hay que ir a ver su obra, que hoy con tanto acierto se expone en los centros citados, recrearse con la niebla de sus paisajes ateridos, pasear por las riberas del Tormes de sus fotos todavía con lavanderas, asombrarse con sus propuestas abstractas: hierros retorcidos, chapones roñosos, en las que Pepe fue un maestro que se anticipó muchos años a las obras de los fotógrafos actuales.
Hay que ir a la Filmoteca a ver los retratos de sus hijos y amigos, poetas y pintores, que como dijo allí Vitorino, parece que tienen aureola celestial, rememorar a través de su impecable mirada, original y sagaz, una ciudad, la nuestra ajena a los tópicos catálogos monumentales, todavía herida por la miseria, por el frío, por la precariedad.

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