Amaina

30.05.2016 | 00:21
Amaina
Amaina

Amaina, gracias a los dioses, dejando atrás campos regados y hombres de musgo empapados. Si un "traje" de musgo pesa doce kilos, según el sastre de dichos trajes, Alejandro Romero, mojado no quiera saberlo. El campo, florido y hermoso, reclamaba el agua justa, el agua de mayo, que dice el refranero, y ha caído dejando los Corpus pasados por agua, incluidas sus comuniones y demás celebraciones. Mayo, pues, se cobró su tributo al igual que la diosa Cibeles, que dejó a Neptuno, compuesto y sin copa. Poseo un listín de conocidos que la otra noche fueron felices, y otro igual que volvieron a exclamar qué hemos hecho para merecer esto. Uno de ellos volvió a explicarme que su agnosticismo viene de aquí, de que Dios está con los ricos, que es como llama a los del Madrid. Los ricos. Los "espantos" ledesminos, entre aguacero y aguacero, también se cobraron su ofrenda en forma de corneado avanzando el espanto y las cornadas que dejarán los resultados electorales de junio.
Allá vamos. Junio está ahí, con su Facyl, hogueras, ajos y noche mágica, y la fiesta del Patrono; entrará el verano y saldrán los que puedan de vacaciones. Junio, este año, viene electoral y la cosa nos va a tener enredados todo el verano, con el permiso de la Eurocopa y los Juegos Olímpicos, de los que nadie habla, como si no fueran a celebrarse. La cosecha, este año, puede ser de dimisiones. El Bosco, ahora de moda en Madrid, en el Museo del Prado, podría retratar uno de sus escenarios pero protagonizados por los políticos que acuden a la contienda, sin un Wellington que les guíe, en algunos casos. La hija del Duque de Wellignton, Charlotte Wellesley, se nos ha casado rodeada de celebridades, sin que tenga constancia de que nadie de Salamanca haya sido invitado. Coño, que es nuestro Wellington, que tiene medallón placero y distinciones en Salamanca y Ciudad Rodrigo, y su espíritu, me dicen, ronda de vez en cuando por los Arapiles. Menos mal que la novia eligió la iglesia de La Encarnación en Íllora, Granada, donde tiene finca la familia. Una iglesia diseñada por Diego de Siloé, el autor del claustro de Fonseca y el marmóleo sepulcro de Alfonso II de Fonseca, en Las Adoratrices, que alguien, un día, soñó con convertir en parador nacional, cuando falló lo de Fonseca. Era y es "colchonero". Desde su despacho veía cada mañana el medallón de San Fernando, patrono de la Monarquía, santo que da también nombre a un pabellón de la Plaza Mayor, oficialmente denominado Pabellón Real. Felicidades a los ilustres Fernandos: Fernando Rodríguez, Pablos, Viñals, Rodríguez, Gil, Población...En el citado Pabellón Real consta que la Plaza Mayor se inició "a 10 de mayo del año de 1729..." y se concluyó "el día 3 de marzo año de 1733". En el aniversario del inicio se daba a los trabajadores de su construcción aceitunas y vino. Juerga, juega, que diría el otro.

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