Paradojas de la vida

25.05.2016 | 04:45
Alberto Estella
Alberto Estella

Parajodas, como decía no sé qué folclórica inculta. La de Luis Buñuel: "Soy ateo, gracias a Dios". Por esas cosas raras de la vida, el independentista de pura cepa Pep Guardiola, lloró como una magdalena mientras escuchaba el ¡Viva España!, entonado a capela por los hinchas del Bayern de Munich. El candidato de Junts pel si, soberanista pata negra, odiador de España, se conmovió con la españolísima despedida de los alemanes, después de tres años de entrenar a su equipo más europeo. Le cantaron torpemente el estribillo del pasodoble castizo, populachero que vulgarizó Manolo Escobar, y corean los ancianitos de media Europa mientras menean el bullarengue en los bailongos de Benidorm. Guardiola querría gritar "¡esa noooo?!", pero se la tragó y lloró.
Asistimos a otra conducta contraria a la lógica, la del progre griego Tsipras. Ganó las elecciones diciendo poco menos que ¡tiembla, Bruselas!, donde envió para tirarse faroles a un chulo con la cabeza rapada. Tuvo que cesar al chulángano, y no solamente no se ha opuesto, sino que se ha bajado los pantalones, y la soberbia, hasta los zancajos.

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