Romeros de La Salud

23.05.2016 | 04:45
Romeros de La Salud
Romeros de La Salud

Tunba era, en sus dormidos vivientes, la antigua ciudad que riega el Tormes, fecundo río, nombrado de los poetas, la famosa Salamanca€" escribió José de Espronceda, poeta, liberal, ciudadano, militar, periodista€que moría un día como hoy de 1842. La cita está tomada de su poema "El estudiante de Salamanca", aventura espeluznante y donjuanesca, que tiene como primer escenario la calle del Ataud, luego de Jesús, oscura, sin más luz que la que alumbraba una imagen de Jesús, de ahí su nombre. Va la calle desde la Rúa a San Pablo, donde desemboca entre Abrantes y Orellana, en Colón, paralela a la histórica calle de Pan y Carbón.
Antaño, junto al Tormes, se veía a cientos de personas acudir a las misas de la Virgen de La Salud en Tejares. Ya no son tantas y algo tiene que ver el servicio de autobuses pero no todo. La fiesta no es la que era, como no lo es el ferial que se monta alrededor de la iglesia de San Pablo en el que no faltan las avellanas, las garrapiñadas y los botijos pero no como antes. Las avellanas de Chana, personaje de la tradición recuperado por Nino Sánchez, las garrapiñadas históricas de los Medinilla y los botijos de Cespedosa. Se iba a reclamar a la imagen tejareña salud y uno regresaba con avellanas, garrapiñadas y el botijo para el verano. Cada vez menos. Era aquella fiesta, dicen los mayores del barrio que fue pueblo, tremenda. Los vecinos de Salamanca echaban en ella el día entre rezos, atracciones feriales, bailes, siesta junto al río –algún baño, incluso„y rica chanfaina y sabroso picadillo. Toda la capital y aún de más lejos recalaba en Tejares, a donde se iba andando, como romeros, que es como hay que ser en la vida, decía León Felipe, que recomendaba también que "no hagan callo las cosas, ni en el alma ni en el cuerpo, pasar por todo una vez, una vez solo y ligero€" Ayer, salió la imagen de la Virgen de la Salud entre mayores, especialmente mayores, muchos vecinos y pocos que no lo eran. Luego llegó la cita con la chanfaina en Las Cuatro Hermanas o con el picadillo en el Picosa, como manda la tradición. Después, la siesta y por la tarde el fútbol, para finalizar, quizás, pegando la hebra en la plaza del frontón, en una terraza, levantada, posiblemente, sobre la casa de los padres de Lázaro de Tormes, hijo distinguido del barrio que fue pueblo y vendido por Felipe II para sufragar guerras de religión. El reloj vital de Tejares late, pero no el del antiguo ayuntamiento, cuya maquinaria se llevó alguien y hasta ahora. ¿Para qué querría esas tripas si con ellas no pueden hacerse ni callos, ni chicharrones, ni mondongo?

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