Enrediques y pendencieros

21.05.2016 | 04:45
Alberto Estella
Alberto Estella

Partiendo de mi convicción de que representan el comunismo, sigo preguntándome cómo es posible que hubiera más de cinco millones de españoles que en diciembre pasado votaron a Podemos o sus franquicias, y que las encuestas indiquen que pueden volver a elegirles. La mejor explicación la oí ayer a un contertulio: para un importante sector de la población, el PP y el PSOE, hegemónicos tantos años, se han hecho envidiar, resultan odiosos, y ese rencor no se disuelve fácilmente. Los inútiles y quienes se han pasado media vida esforzándose por triunfar sin conseguirlo, miran con inquina a los instalados „sobre todo si son tan mediocres„, resentimiento que aumenta y llega a convertirse con el tiempo en cólera y voto radical.
España es campo abonado para la envidia, el pecado capital de los batuecos. Entre los muchos ejemplos históricos, vengamos a Salamanca. Es Fray Luis quien gime desde la cárcel "aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado". Es Unamuno quien hace decir a Joaquín, sobre el protagonista de la novela Abel Sánchez: "Sus éxitos me quitan el sueño". Detrás están Abel, el pastor, y Caín, el labrador, con su "sombra errante" machadiana, cruzando por este trozo de planeta. Tras ellos miles de hermanos, colindantes, vecinos€ han muerto por estas tierras y sierras golpeados con una quijada de burro, una estaca, o un azadón, por una herencia, un surco de mas en la besana, el desvío del riego, un pastoreo abusivo... En la Sierra era frecuente "tirar de navaja", y dar algo más que una pinchaina, por un quítame allá esas pajas, o no me quites la hembra.
No han sido menos las peleas que uno contempla, sordas o abiertas entre políticos, como la que hoy mantienen soterradamente Pablo Iglesias con su correligionario Íñigo Errejón, o abiertamente Pedro Sánchez con su adversario Mariano Rajoy; entre profesionales de la medicina, el derecho€ como la que dicen desatada entre Margarita Robles „que irá de número dos del PSOE por Madrid„, y el presidente del Consejo del Poder Judicial, Sr. Lesmes, que con tal motivo la ha privado de su plaza de Magistrada del Tribunal Supremo; o entre literatos, que al menos han dejado epigramas ingeniosos o anécdotas divertidas, como los poemas entre Góngora y Quevedo, o las pullas de Baroja a todos los demás.

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