Arte y belleza a flor de piel

21.05.2016 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias
Juan Antonio García Iglesias

Si algo tiene Salamanca que no hace falta buscar porque se encuentra a cada paso que uno da cuando anda por sus calles y plazas es arte. Arte a la vista de todos, que no se esconde porque no puede, y no puede porque resultaría inútil el esfuerzo por conseguir lo imposible. Es como quien lleva la belleza en la cara, que allá por donde va la enseña sin poderla disimular. Puede alterarla, incluso esconderla, pero la belleza por muy alterada y escondida que esté se intuye y acaba saliendo por todas partes. De una anatomía perfecta, al menos desde la imaginación, atrae y excita más lo que no se ve, pero se intuye, que lo que se ve, por eso muchas veces un desnudo completo, con todo al aire, puede ser decepcionante al no resultar tan bello ni tan perfecto a la vista como hasta entonces lo había sido a la imaginación.
Como el arte es belleza y Salamanca es arte, también es belleza, indisimulable, ya que se la mire por donde se la mire lo es, abriéndose a más belleza, que se consigue añadiendo arte al arte.
Esta ciudad nuestra es un museo al aire libre que paseando se ve sin esfuerzo, porque sale al encuentro todo cuanto tiene: plazas, corrales y rincones, casas y casonas, palacios, iglesias y conventos, con sus interioridades, sus patios, sus claustros?, como si fuesen cuadros de una exposición, a lo que hay que añadir cuanto guardan sus muros, que acumulan una riqueza artística e histórica de una envergadura nada fácil de imaginar.
Pues todo esto, aun siendo inmenso, es poco, porque la belleza, que exige belleza, necesita rodearse de ella para generar más y añadirla allí donde parecía imposible que cupiese una pizca más. Ejemplos de esto, es decir, de sumar arte al arte embelleciendo hasta lo inverosímil el espacio (paisaje urbano, que no solo lo forman edificios, también gente, ambiente..., en fin, todo cuanto lo llena) lo tenemos en la plaza de Anaya, que las esculturas de Henry Moore traídas por CaixaForum han convertido en una excepcional sala de exposiciones, una experiencia que no es nueva en Salamanca, donde el engrandecimiento es mutuo entre lo que hay y lo que se añade, ya que cuando el arte es arte se complementa, sumando „en este caso la obra de Moore„ más belleza a la mucha que el entorno tiene y muestra sin necesidad de profundizar, porque la tiene a flor de piel.

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