El toro Zapatero

18.05.2016 | 04:45
César Lumbreras
César Lumbreras

Ando estos días en peregrinación constante de llamadas telefónicas para ver si consigo "colocar" las dos entradas para los toros de las que dispongo. Durante los últimos "sanisidros" no resulta tarea fácil, lo que constituye una prueba evidente de que aficionados, lo que se dice aficionados de verdad, que no hacen asco a una novillada o a las corridas del montón, cada vez quedan menos. Todos los años, en el mes de abril, cuando llega el momento de renovar los dos abonos, siempre me pregunto lo mismo: total, si ya no voy a los toros, ¿para que los quiero? Así que, de entrada, digo que no los renuevo. Sin embargo, a medida que se acerca la fecha tope, empiezo a pensar que los voy a perder, que puedo invitar a los amigos?Total, que termino pasando por taquilla y desembolsando una "pasta" por los treinta festejos largos. A continuación, y una vez que se acerca el comienzo de la Feria de San Isidro, comienza la peregrinación para "colocar" las entradas. De las novilladas, mejor olvidarse, porque, al que invitas, parece como si le estuvieras insultando. En el caso de las corridas, lo primero que pregunta el candidato a invitado es quién torea y, cuando lo sabe, generalmente las rechaza, salvo que sea un cartel de las llamadas figuras. En resumidas cuentas, que excepto los festejos en los que están las llamadas figuras y los de rejoneo, es una auténtica odisea "colocar el papel", obsequiándolo, por supuesto. En este caso parece haber pasado a mejor vida ese refrán tan arraigado que reza "a caballo regalado no le mires el diente".

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