Impostores

18.05.2016 | 04:45
Alberto Estella
Alberto Estella

Hay que ser audaz, un desahogado, tener los güevos cuadrados, para apropiarse indebidamente del "puedo prometer y prometo" acuñado por el periodista Fernando Ónega y estrenado con notorio éxito por Adolfo Suárez en la antevíspera de las elecciones de 1977. El frescales de Pedro Sánchez lo ha hecho. La usurpación es inaudita, golfa, estridente, porque si Suárez representa algo en la memoria colectiva es su carácter dialogante, absolutamente con todos y hasta lograr la difícil concordia. Mientras que Sánchez se niega tercamente a dialogar, no con cualquier grupúsculo o partido minoritario, sino con el partido con más votos de España en los dos últimos comicios, y en las encuestas también en los próximos, mal que le pese al socialista.
Comprenderán que para un deudor histórico de Suárez, la usurpación resulte „como la comparación entre los dos personajes„, irritante, obscena. Si no me llamaran racista, diría que es como comparar a Dios con un gitano. Con la suplantación de Adolfo, Sánchez se inscribe en la larga lista de impostores, desde la mujer que se hacía pasar por Anastasia, presunta hija del último zar, hasta el villano que sigue cobrando la pensión del familiar fallecido, falseando su firma.

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