La novia olvidada

04.05.2016 | 04:45
Alberto Estella
Alberto Estella

Digo yo que habrá que hacer algo. Ayer se lamentaba en estas páginas Juan Mari Montes del olvido en que tenemos „tienen„, a Carmiña Martín Gaite, por creer la Salamanca oficial haber cumplido con su busto en los Bandos. Y el sábado, mi querida Anita, su única hermana, declaraba cabalmente en este diario, que "las instituciones salmantinas se olvidaron hace años de mi hermana".
¿Recordamos? La nacieron en esa Plaza, porque su padre, el Notario, allí tuvo su hogar familiar, desde el que la escritora, entre visillos „no desde el cuarto de atrás„, veía la Casa de Doña María la Brava; en ella jugó de niña porque solo pasaba ocasionalmente el coche del médico; en la USAL estudió la carrera; Salamanca, confesaba, "educó mi lenguaje y mi mirada"; en la revista universitaria "Los trabajos y los días" publicó su primer poema sobre una barca nevada; muy joven, "de la misma manera que un carpintero o un fumista, antes de soñar con llegar a maestro, pasaba por aprendiz y oficial, casi nadie que se sintiera picado por la vocación de las letras se atrevía a meterse con una novela, sin haberse templado antes en las lides del cuento", ella escribió cuentos; el premio Nadal de la mejor escritora salmantina de siempre, es de una novela sobre la Salamanca de los cincuenta, el Casino „del que describe minuciosamente un baile de la época„, el Tormes o la Plaza Mayor, plaza que cita en su espléndido trabajo sobre los usos amorosos de la postguerra: "las chicas paseaban en el sentido de las manecillas del reloj, mientras que los hombres lo hacían en sentido contrario?

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