No me escriban, gracias

02.05.2016 | 04:45
No me escriban, gracias
No me escriban, gracias

Pereza máxima. Eso es lo que me inspira, y creo no ser el único, imaginar la actividad política e institucional que nos espera en estos dos meses de mayo y junio. Es algo parecido a cuando, como espectadores de cine, nos topamos con una película mala, pero mala de verdad, con uno de esos muchos argumentos previsibles: pongamos que el típico escolar acosado por sus compañeros abusadores que termina deslumbrando a todos por algún talento escondido, se liga a la jefa de las animadoras y dedica un corte de mangas al "quarterback" del equipo de fútbol. La nueva campaña electoral nos ha abocado a una historia así de cutre en la que prevemos sin gran esfuerzo lo que va a suceder en el plano siguiente. Cuatro protagonistas principales que creen, y esto me parece lo peor, que nos van a convencer ahora con más discursos y más promesas.
Los ciudadanos no nos merecemos esto. Cuando después de cuatro meses los líderes de los grupos mayoritarios no han sido capaces de alcanzar acuerdos para conformar un gobierno estable y ahora somos nosotros los ciudadanos los que tenemos que volver a votar, es que algo no funciona bien. La voluntad popular es la que es, está más diversificada que nunca y estructurada en torno a cuatro propuestas políticas. ¿Alguien espera que seis meses después los resultados vayan a ser muy distintos? Imaginemos que, voto arriba, voto abajo, el 27 de junio estamos en las mismas. ¿Volveremos a pasar por el mismo paripé en el que todos culpen a los demás de la falta de acuerdo? Y si se alcanzara el pacto de la gran coalición PP-PSOE o la abstención de Podemos para un gobierno PSOE-Ciudadanos, ¿cómo explicarían que hayan tardado seis meses en dar su brazo a torcer cuando podrían haberlo acordado en enero?
Son las reflexiones que muchos nos estamos haciendo desde hace semanas. Ahora se nos convoca a votar de nuevo como diciéndonos "a ver si ahora lo hacéis bien". Parecería que esta generación de dirigentes solo supiera desenvolverse entre mayorías absolutas, o bien aplicando rodillo en caso de gobernar o disparando con el tirachinas desde la oposición, reclamando esa ´estabilidad´ que solo se concibe desde los 176 escaños, cuando en otros países se ha logrado con pactos sustentados en la firme voluntad de llegar a acuerdos sin pretender colgarse medallas. No se vota ´bien´ o se vota ´mal´. El voto dibuja el mapa de la voluntad popular. Y si los rojos o los azules se dan un batacazo en las urnas, una de las opciones que los partidos deberían haber considerado es que los candidatos o los programas no eran los más atractivos para los votantes. Algunos peones más o menos relevantes están tirando la toalla, pero ¿saben de algún partido en España que se haya dado por aludido y esté considerando relevar a sus cabezas de cartel? Yo tampoco.
En el fondo, ellos saben que reiniciar de nuevo toda la maquinaria electoral apenas seis meses después de los pasados comicios no les deja en buen lugar, y sospechan que, por responsabilidad, están obligados a paliar esta mala imagen compensando con un recorte del coste en la parafernalia. Si de mí dependiera, podrían evitarse todo: los debates, los carteles, los actos políticos y, por supuesto, el buzoneo.

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