Desmontando al bisiesto

29.02.2016 | 04:45
Desmontando al bisiesto
Desmontando al bisiesto

Tienen los 29 de febrero un halo especial, un guiño del tiempo, como si se tratase de un día de regalo, una oportunidad que se nos ofrece para hacer algo extraordinario. Es decir, la misma tontería que me viene a la cabeza en los 60 minutos que nos añaden en el cambio horario de primavera. Son días tan rutinarios y tan especiales como todos los demás: el sol sale, hacemos nuestras cosas, los más afortunados trabajan, nos relacionamos, nos alimentamos, reímos, nos enfadamos y de pronto ya se acabó el día. Pero lo que ocurra un 29 de febrero pasa a la historia como un acontecimiento complicado de conmemorar. Pedro Sánchez vino al mundo un 29 de febrero y miren ustedes la guerra que está dando el amigo, cuyo destino estaría marcado claramente por su fecha de nacimiento: observen que terminó eligiendo ser político, una ocupación en la que todo se planifica con vistas a cuatro años.
Una vez contenido el ímpetu de ensalzar el carácter especial del día, uno hurga un poco en la historia y confirma, por si no se sabía ya, que el 29 de febrero es un parche creado para corregir un error de cálculo. Nada mágico y caprichoso, sino una chapuza contable aceptada por la humanidad como mal menor para nos cuadrara el calendario. Una vez sentado esto, poca mística puede envolver a estos días creados por decreto para corregir un desajuste en el cálculo del tiempo. Mirándolo desde todos los puntos de vista, una de las pocas cosas buenas que traen consigo los años bisiestos son los Juegos Olímpicos, y también por pura convención que solo es achacable al barón Pierre de Coubertin y a quienes le ayudaron a recuperar los Juegos de los antiguos griegos en la era moderna. A partir de ahí, casi todo lo que tiene que ver con lo bisiesto acarrea problemas, inconvenientes y molestias, propias de la ruptura de una pauta habitual y la introducción de lo excepcional, que a menudo termina induciendo a error.
Poco se habla de los empleados que cobramos un sueldo mensual y que, una vez cada cuatro años, trabajamos un día más por el mismo salario. Luego están los agoreros que siempre han intentado verter sobre el año bisiesto la sombra de la maldición, los creadores y sustentadores de la frase "Año bisiesto, año siniestro", un refrán que yo desconocía hasta anteayer. Como a los periodistas nos gusta ahondar más allá de la superficial trivialidad de los temas en aras de su actualidad, alguna prensa nacional recordaba las catástrofes que a lo largo de la historia han tenido lugar en año bisiesto: el hundimiento del Titanic en 1912, la Guerra Civil Española en 1936, los asesinatos de Mahatma Ghandi (1948), Robert Kennedy (1968) y John Lennon (1980) eran algunos de los desastres mencionados. O sea, una memez en toda regla, Si tuviéramos ese tiempo para perder, cualquiera de nosotros podría enumerar la lista de desastres ocurridos en años terminados en 7 o en 4, sin que ello conllevará conclusión alguna sobre efemérides malditas. Al César lo que es del César, y al bisiesto lo que es del bisiesto.

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