Chamanes y crédulos

28.02.2016 | 04:45
Joaquín Leguina
Joaquín Leguina

Siempre ha llamado mi atención (y provocado mi indignación, que todo hay que decirlo) que en la era de la ingeniería genética, el láser y los microchips sigan existiendo innumerables personas (y no todas ignorantes) que creen en los horóscopos, en el tarot, en las echadoras de cartas y en los médiums, la astrología o el i ching.
El matemático John Allen ("El hombre numérico") nos recuerda a este propósito que uno de los amigos más próximos de Sigmund Freud, el médico Wilhem Fliess, inventó los análisis biorrítmicos, prácticas que se basan en la idea de que hay varios aspectos de la vida de la persona que siguen unos ciclos periódicos rígidos, que empiezan en el nacimiento. Fliess indicó a Freud que los números 23 y 29 eran, respectivamente, los periodos de imborrables principios metafísicos masculino o femenino. Según él, el 23 y el 29 tenían la especial propiedad de que sumando o restando múltiplos de ellos tomados convenientemente se puede obtener cualquier otro número.
El inventor del psicoanálisis quedó impresionado y durante muchos años no sólo se creyó la patraña sino que la defendió en público, hasta el punto de asegurar que él mismo moriría a los 52 años (23+29=52).

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