Halloween

30.10.2015 | 04:45
Miguel Cid
Miguel Cid

Yo creo que Halloween o fiesta de los muertos es una contradicción total. Celebrar una fiesta con los muertos es el colmo del masoquismo o de la brujería, si es verdad que las brujas haberlas haylas.
Bueno, el caso es que nos gusta tanto este juergueo que ya desde niños, y sobre todo ellos, corren como locos con el famoso truco-trato, vestidos de los más terroríficos disfraces. Mientras los mayores, jóvenes también, participan en una incansable celebración que con nombre inglés ya parece nuestra de toda la vida o más bien de toda la muerte.
Halloween, que palabrita o mejor que palabro para llenar la noche víspera de Todos los Santos, o sea mañana, de la locura más loca que imaginarse pueda. Claro, con disfraces, bebidas y comida para conmemorar según unos el final del verano y según otros la expulsión de los malos espíritus. Pero, sobre todo, para exorcizar la muerte como si esta pudiera tomarse a broma que es lo que, sin saberlo, pretende hacerse.
Mientras, al día siguiente, con la resaca de la víspera se visita a los difuntos para recordarlos y honrarlos en su definitiva ubicación. Porque también los muertos se cuentan, por ejemplo Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). Y así sucesivamente.
Todo este lío de vivos y muertos en el paradójico Halloween, nos recuerda que próximas están, queramos o no, la muerte y la vida en una fusión indestructible que nos hace sentir, a veces, aquello que dijo Biermann: "Que cerca sentimos a algunos que están muertos, y que muertos algunos que están vivos".

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