¡Bien! Una cucaracha en la sopa

30.10.2015 | 04:45
Susana Magdaleno
Susana Magdaleno

Es probable que el grito de pánico al ver una cucaracha en la sopa se cambie próximamente por otro de alegría, similar a cuando toca la cigalita de la paella. De momento, la Unión Europea ya ha dado el primer paso, que es el de aceptar que los insectos pasen a ser alimentos de consumo cotidiano, igual que ocurre en países asiáticos. Bruselas sólo ve ventajas: lo barato que es producir insectos -con una habitación te conviertes en latifundista-; lo fácil que es manejarlos (basta con cajitas de cartón y cazamariposas, por si acaso); lo poquito que contaminan; y las muchas proteínas que aportan a pesar de la poquita comida que necesitan. Si la OMS no lo remedia con una de esas advertencias sutiles tipo la de la carne roja de esta semana, lo de la alegría por ver una cucaracha en la sopa es una realidad muy próxima, a pesar de que ahora no está entre los bichos favoritos para ver en la cocina.
El favorito de los cocinitas que tienen el insecto como materia prima es el escarabajo, seguido de orugas, abejas, avispas, hormigas, saltamontes, langostas y grillos. Se valora su facilidad para encontrarse y consumirse en multitud de recetas en todo tipo de formas: enteros, molidos, como pasta...
Pero, de momento, aquí como que no. Por muchas proteínas que tengan, por muy baratos que sean, por muy fácil que sea encontrarlos, por poquita pena que produzca comérselos, por mucho consentimiento de la Unión Europea para su consumo, los productores de insectos y los propietarios de edificios que son auténticos criadores aún sin quererlo, lo tienen difícil para rentabilizar estos bichos. El auténtico negocio vinculado a ellos sigue siendo para Raid.
Igual que, de momento, no hacemos ni caso a la Unión Europea y su apología de los insectos, tampoco parece que la recomendación de la OMS -Organización Mundial de la Salud- sobre la vinculación de la ingesta de carne roja con el cáncer nos haya desviado un ápice del consumo habitual. En las carnicerías, por ahora, gusta lo mismo el chuletón o la carne de cerdo que hace una semana y en cantidades idénticas. Ahora bien, se mira con más recelo lo procesado y, curiosamente, lo envasado.

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