El tren del domingo

26.10.2015 | 04:45
El tren del domingo
El tren del domingo

Los domingos están hechos para los churros, la misa, el vermú a mediodía, la siesta y el fútbol. Un domingo sin churros empieza mal. La misa es prescindible para más de la mitad de los españoles encuestados, que o van de vez en cuando o directamente se quedan fuera. Un sociólogo amigo sostiene de que además del descreimiento general esté el hecho de que muchos de ellos no encuentren nada interesante en el sermón como consecuencia del nivel cultural alcanzado por la sociedad. Así que es posible que muchos paisanos vayan de los churros al vermú directamente, pasando, quizás, por la inevitable marcha o carrera dominical.
Y si el domingo se celebró la del Cáncer este domingo fue la de los Mil Pasos la que reunió a numerosos parroquianos, entre ellos a muchos conocidos del rugby preparados para la semifinal que jugaron por la tarde Australia y Argentina. Lo siento, Claudio Mogilner, otro Mundial será, pero que hayáis llegado a semifinales dice mucho del nivel argentino de rugby. Del fútbol en Salamanca qué contar que no sepan: hoy es más un asunto de televisión que de campo y grada Ya veremos con el Helmántico abierto. Quizás sea posible ver un partido de fútbol e ir de compras y tapas, como hoy vamos de tiendas, comemos y vemos cine en un centro comercial. De este modo las carreras y las marchas han entrado en nuestras vidas como una cita dominical obligada, que veo con mucho gusto desde la ventana de casa, con el periódico dispuesto y el café aún humeante. Porque la lectura detenida de los diarios y el café tranquilo también forman parte del domingo como el rosario de actos previstos para la campaña electoral que viene o que ya está aquí. Los candidatos irrumpirán con estrépito en nuestras vidas dominicales con sus ofertas y guantazos al contrario. Paciencia.
Leo entre el café y el bullicio de la marcha de los Mil Pasos que esta tarde la ministra de Fomento, Ana Pastor, que fue trastula del Estudio salmatino, viene a probar el tren hipersónico salmantino. Por Medina del Campo. Igual que el que inauguró el rey allá por 1877 y que por estas fechas de aquel año trajo a Salamanca a Pedro Antonio de Alarcón a una visita que recogió en el libro "Dos días en Salamanca", fácil de localizar en la feria placera dedicada al libro antiguo o de ocasión. Entonces tardaba el tren a Salamanca doce horas: salía de Madrid a las nueve y media de la noche y llegaba a Salamanca a las nueve y media de la mañana con un transbordo en Medina de una hora. En doce horas, decía el escritor, "la locomotora ha puesto Salamanca a las puertas de Madrid", y viceversa, añado. Uno ha conocido un semidirecto que tardaba sus seis horas largas y este que tenemos, que lo hace en la mitad, y conocerá „espero„ el nuevo tren que nos pondrá a las puertas de Madrid „y a los de allá en las nuestras„ en hora y media, la mitad, y hasta en menos, quién sabe. Se espera que este acontecimiento histórico sea real antes del 20 de diciembre, jornada electoral, y si hago caso a lo que me dicen algunos iniciados, para el puente de la Constitución.

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