Cuarto y mitad

20.10.2015 | 04:45
Marta Robles
Marta Robles

Acaba de hacer su aparición estelar la viagra femenina. Se trata de una pastillita rosa, frente a la azul de los caballeros, que en vez de apuntar al asunto mecánico como la masculina, puro vasodilatador, se fija en el sistema nervioso, ese por el que pasan casi todas las cosas de la sensibilidad de la mujer. Más allá de si es un puro antidepresivo o si tiene efectos secundarios de nauseas o adormecimiento „cualquier fármaco nuevo que aparece lo hace acompañado de posibles horrores„ si contribuye a aumentar la libido de las señoras o, simplemente a disfrutar más de la vida, aunque sea a través del efecto placebo, bienvenida sea. Sin embargo, sin animo de ser aguafiestas, debo advertir a las féminas que creen en los milagros, que nuestra sexualidad es mucho más imaginativa que la de los varones y no se queda en encontrar el punto G. Por supuesto que es necesaria la satisfacción e incluso la autosatisfacción, pero es cierto que a nosotras no nos es tan imperiosa la necesidad de vaciarnos por vaciarnos. Necesitamos estímulos físicos, pero también intelectuales. Y no solo para el amor. También para el puro sexo.
Si la pastillita en cuestión viene con un manual de instrucciones para el hombre que nos acompaña, de una puesta en escena adecuada, un lugar con interés, un juego determinado y, a ser posible, unas palabritas mágicas „si el punto G no está en el oído, como dice Isabel Allende, ahí se debe encontrar al menos el punto F„, es muy posible que tenga bastante poco interés.

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