No es lo que era

19.10.2015 | 04:45
No es lo que era
No es lo que era

La nostalgia ya no es lo que era. Entiendo, aunque no comparto, las añoranzas de Du Bellay, el poeta renacentista francés: lo suyo era una nostalgia clásica, ortodoxa, bien definida. Du Bellay, huérfano desde niño, hubo de servir durante cuatro años como secretario de su tío, cardenal en la curia romana. Por lo visto, a nuestro poeta la experiencia italiana no le llenó. Hastiado de la Roma de mediados del siglo XVI, se dedicó a componer sonetos melancólicos en que destapaba su morriña angevina: Du Bellay pasaba de los palacios romanos de fachadas audaces, de los blancos y sólidos mármoles: el hombre echaba de menos los austeros edificios construidos por sus antepasados, la oscura pizarra. Pues muy bien. En latín más bien macarrónico, "De gustibus non est disputandum" (sobre gustos no se discute).
No menos ortodoxa es la nostalgia (quizá algo espuria) que Neruda derramaba en su célebre "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos"; una nostalgia que, en el fondo, es más que nada un mustio lamento ante la evidencia quevediana de que lo que fue ya no es.
Hay algo que asemeja esencialmente las añoranzas de Du Bellay y Neruda: en uno y en otro asoma la tristeza causada por no poder regresar a lo conocido, a lo vivido anteriormente. Cosa que en la actualidad no siempre ocurre: ni siquiera la nostalgia es lo que era. Hoy día se pueden añorar lugares en que nunca has estado: conozco a algunos que, sin haberlas visitado nunca, añoran las islas Maldivas, Bali o las Seychelles. Otros, que en ocasiones están imputados, añoran las islas Caimán, Gibraltar o Andorra, pero ese es otro caso.

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