Palomas

18.10.2015 | 04:45
Román Álvarez
Román Álvarez

Una de las pestes de las ciudades en estos tiempos son las palomas, esa especie de ratas aladas que deterioran monumentos, obturan desagües y canalones, ensucian balaustradas y tejados y, en fin, decoran de vez en cuando con sus excrementos las cabezas y hombros de pacíficos viandantes. Nunca he entendido las connotaciones positivas que se les atribuyen a estos pájaros. Bien es verdad que fue una paloma la encargada de aportar la prueba de que las aguas habían bajado después del diluvio. A saber en qué olivar fue a posarse. Puestos a inspirar, no olvidemos que el símbolo del Paráclito es la paloma, y así se representa en la abundante iconografía religiosa. También se alude a ella en diversos ejemplos y comparanzas, acaso por aquello de prudente cual paloma, astuto cual serpiente. Gracián, en El Criticón, escribe que "€no hay ave ni más sagaz ni más política que la paloma€ es el ave que mejor sabe vivir".
En determinadas culturas la paloma es símbolo de mal agüero. En el norte de Inglaterra, en la primera mitad del siglo XIX, las plumas de paloma se asociaban a la muerte. La creencia popular afirmaba que la agonía podía prolongarse hasta que el moribundo se viera libre de plumas de paloma en el colchón o en la almohada.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155 Fax admon. y publicidad: 923 258404
Aviso legal  |  Política de cookies