Dies irae

17.10.2015 | 04:45
Alberto Estella
Alberto Estella

Escucho el réquiem de Mozart y llego a la Sequentia, al bellísimo coro del "dies irae" „el día de la ira„, "día aquel en que los siglos se reduzcan a cenizas", y la hermosa y lúgubre música me ambienta sobre lo que sucede en el mundo. Siria ardiendo por los cuatro costados, el Papa pidiendo otra vez perdón, y los palestinos quemando un santuario judío. Los líderes palestinos han llamado precisamente a un "día de la ira", como si los demás fueran de amor. Los desesperados vecinos de Jerusalén se dejan abatir mientras intentan apuñalar al primer israelí que se les pone a tiro, mejor a filo de navaja. Tales sucesos estarán en ese libro que nos dice el viejo himno, en el que se contiene todo y con el que se juzgará al mundo cuando suene la trompeta y venga el Juzgador. Entretanto, por aquí nos enzarzamos en viejas querellas, nuestros demonios familiares, que si la República, que si el genocidio americano, que si el concepto de nación (que ni es polisémico „como defiende Pedro Sánchez„, ni depende del contexto „según su número dos, Meritxell Batet„, sino meridianamente claro, pero los de siempre emborronan).
¿Cómo se mide la ira? ¿Cuándo alcanza a ser cólera? ¿O puede reducirse a un simple cabreo? Podría medirse como la fiebre, de 36 a 42 grados centígrados, o como las borracheras, desde la simple cogorza al delirium tremens. Entonces tendríamos que preguntarnos como está el patio. En un Consejo de Ministros de UCD, Calvo Sotelo llegó tarde de Estrasburgo y le pasó un papel a Cabanillas preguntándole "¿Cómo está el patio?" Pío, el inescrutable, le contestó de gallego a gallego: "No hay patio". Ahora, vaya si hay patio, incluso el famoso patio de columnas del palacete de Moncloa, por donde vuelan las indirectas y hasta los directos a la mandíbula entre ministros. Montoro le llama "arrogante", y Margallo le contesta "guasón" (pero recordándole quien estudió en Deusto y Harvard). Que Julio Iglesias diga que le importa tres cojones lo que diga Montoro, carece de importancia porque cotiza fuera de España y no es compañero de gabinete. Que el ministro de Exteriores llame ágrafo a su colega de las Finanzas „adobado con una cita bíblica„, es más que significativo de cómo está el patio. Todo viene de una "paralela", una liquidación fiscal complementaria que le endosó Montoro a Margallo, y este se toma ahora la revancha, empleando su propia "paralela", más peligrosa que un escopeta de cañones recortada, su lengua bífida.

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