La Rúa

16.10.2015 | 04:45
Santiago Juanes
Santiago Juanes

Uno cree que la Rúa está hecha un asco. Y no es una calle cualquiera. Y estoy dispuesto a discutir de ello con quien quiera y donde le parezca. Un asco, siendo, además, calle principal desde que Salamanca comienza a ser lo que es. Por la Rúa he visto pasear a reyes, príncipes y princesas, estadistas, políticos de medio pelo y pelo completo, y notables de la cultura, pero sobre todo a estudiantes, profesores y turistas. Estudiantes de letras, leyes y ciencias, que desgastaban el adoquín de entonces y el enlosado de ahora. Y turistas de todo el mundo, que en otro tiempo sorteaban coches y en esta época, terrazas. De toda la vida, via de clérigos, y de algún que otro golfo que se adentraba en calles comprometidas cuando el Barrio Chino brillaba con luz propia de noche. Era aquella una Rúa de librerías y tiendas de objetos religiosos, tabernuchas y pequeño comercio, con excepciones, sin terrazas, muy oscura cuando el sol se escondía y muy luminosa cuando reaparecía. Aquella Rúa, de viejas casas, muchas ruinosas, tenía el encanto de una ciudad antañona, que alguien comparó con una señora a la que le huelen los pies. La de hoy tiene el encanto que le dio la feliz ocurrencia de hacerla peatonal, mejorando su caserío y acercando las catedrales a quienes antes se quedaban en la Plaza Mayor. Mucho antes fue necesario echar abajo algunas casas de "La Corneja" que abriera la Plaza de Anaya. Pero la de hoy tiene, también, ese encanto bajo mínimos: casas principales huecas y apuntaladas acompañan al turista, al estudiante y vecino que pasea. Y esto, desde hace ya varios años.

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