El hambre y las ganas de comer

14.10.2015 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias
Juan Antonio García Iglesias

Este puente que acabamos de pasar ha salido redondo, por los turistas, que entraron por todas partes y lo llenaron todo. En Salamanca no se cabía. Ha sido un puente de lujo, reflejo de una economía que comienza a recuperar su pulso, muy lentamente, sí, pero se nota que la cosa va a mas. Y se nota no en las abrumadoras cifras de la macroeconomía que nos venden a quienes dicen que saben pero que demuestran con sus cálculos y previsiones que la Economía no es una cinecia exacta, sino en los pequeños detalles, que nunca fallan, de la economía doméstica, en esa de andar por casa, que es el último eslabón y objetivo final de ese desarrollo en cadena de efectos e influencias.
Si la gente de la calle tiene dinero y lo mueve es que las cuentas van saliendo. Todo lo demás está muy bien porque suena muy bien, pero mientras sus efectos no lleguen a la tierra que pisa el resignado contribuyente, ese que no tiene posibilidad de evadir y no evade, no dejará de ser música celestial.

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