Lúbricos paquidermos

11.10.2015 | 04:45
Román Álvarez
Román Álvarez

Los parques zoológicos suelen suscribir acuerdos de intercambios temporales entre sus animales reproductores con el fin de evitar que, a la larga, predomine la endogamia entre aquellos individuos relacionados genéticamente. Viene siendo, pues, habitual que diferentes sementales viajen a otros lugares donde puedan llevar a cabo el natural apareamiento entre los de su especie. Podríamos decir que se trataría de una coyunda turística programada en aras de la pureza racial de los esperados descendientes.
Así, no ha mucho que un elefante domiciliado en el zoológico de Howletts Park, en el sureste de Inglaterra, salió con destino al Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria, con el loable propósito por parte de los responsables de ambos parques de que el inglés dejara preñadas tras la preceptiva coyunda proboscídea a nada menos que diez elefantas demandantes de sus servicios. Cabía esperar, por tanto, que en justa correspondencia, otro macho de trompa prensil y probada solvencia partiera hacia la pérfida Albión a dejar su simiente repartida entre aquellas animalias que la hubieren menester.

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