Muerte digna

06.10.2015 | 04:45
Marta Robles
Marta Robles

Entiendo tan bien la dureza que supone para unos padres una enfermedad de las llamadas raras en alguno de sus hijos que ni siquiera cuestiono cuando algunos de ellos se rompen y deciden que es hora de dejar de luchar. Es el caso de Antonio Lago y Estela Ordóñez ,los padres de Andrea. Una niña de 12 años con una enfermedad degenerativa irreversible a quien ellos, los que más la han amado siempre y seguirán haciéndolo cuando desaparezca, han pedido a sus médicos que le retiren el soporte vital y la seden para evitar padecimientos. O lo que es lo mismo que la faciliten una muerte digna, sin más dolor y más angustia. Los médicos que la tratan se han mostrado reticentes. No es que la vayan a curar, ni a mejorar sus condiciones de vida?, pero creen que es lo que ética y legalmente les corresponde hacer. Como ustedes saben los límites de la ética están muy desdibujados y son incuestionables. Sobre todo porque cada uno los escribe donde le da la gana. Así que es cierto que la ética y la moral de los médicos puede empujarles a que actúen como lo están haciendo, mientras que las de sus padres, unida al profundo amor por su hija, les lleva a demandar lo contrario.

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