Taurinos y Antitaurinos

05.10.2015 | 04:45
Taurinos y Antitaurinos
Taurinos y Antitaurinos

Comencé a ir a la plaza de la Glorieta a los cinco años, de la mano de mi padre que era un aficionado cabal y sentencioso. Desde entonces, he pasado por épocas de entusiasmo taurino, asiduo aistente a corridas, tientas y lecturas y por otras de apatía y desinterés sobre el mundo y el planeta de los toros. Aunque siempre me ha interesado su caudaloso y preciso léxico-rehiletero, castoreño, abanto,verduguillo, zahíno etc..-y la literatura entre costumbrista y canalla que ha retratado ese mundo protagonizado por pícaros, señoritos y novilleros que se juegan la vida cada tarde.
Hoy los toros, ya lo sabemos, están en entredicho, cuando no en lo más alto de la picota del rechazo social. Las nuevas sensibilidades más urbanas y misericordes de los jóvenes, entregados a una estética de lo ligero y lo sostenible, condenan por violentas y agresivas las corridas, y esta actitud de general rechazo que inunda el Internet, ha contado con el apoyo oportunista de los nacionalistas periféricos movidos por otros intereses.
Ciertamente las corridas de toros son un espectáculo violento. Un ritual reiterado de agresiones a un animal que sale al ruedo entero y alegre y a medida que trancurre la lidia, sangra en los puyazos, se quiebra en las banderillas, humilla en la muleta y finalmente es estoqueado sin contemplaciones al volapié.
Ahora ha cuajado un relato en en que se magnifica la tragedia del toro, su sufrimiento, que es real e innegable y se desprecia todo lo demás, arte, tradición, literatura como meros apéndices argumentales de un puñado de asesinos que van a la plaza a recrearse con la muerte. Sin duda el futuro de los toros se escribirá así, o en el mejor de los casos las ganaderías de lidia se convertirán en una suerte de reservas naturales, donde contemplar los toros desde el remolque en visitas turísticas guiadas y las Plazas de toros en un escenario circense donde los animales serán objeto de juegos, recortes, saltos y destrezas incruentas.
Eso en el mejor de los casos. Lo normal es que los toros desaparezcan por completo. Entre otras cosas porque los jóvenes alistados en su mayoría con los antitaurinos, hace muchos años que han desertado de las plazas.
Realmente los argumentos en defensa de los toros son contradictorios, imprecisos y reiterados, cada vez más ajenos a la sensibilidad contemporánea, que ignora cuanto tiene que ver con el campo y el ganado y reclama un trato suave y doméstico, lo mismo para un perro faldero que para un jabato montaraz.

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