Desvaríos de un gerolescente

03.10.2015 | 04:45
Alberto Estella
Alberto Estella

El palabro no es cosa mía. Un desaprensivo ha unido "gero" „la vejez„, con el final de adolescente, y nos llaman así a los mayorcitos que no estamos para hacer hoyos, pero tampoco para tirarnos al hoyo. O sea, como la mi Pauli, que "no suelta la guitarra", que es como ella dice a dejar los fogones del "Río de la Plata", en los que sigue reinando. O como el Presidente de las Cortes, Jesús Posada, abuelito bondadoso „por no decir baldragas„, con el diputado que rompió la Constitución. Estamos para el geriatra, no para el pediatra. Mi octolescente amigo Luis Infante, muy activo siempre, lo ha sido ¡hasta en la esquela! Dijo que se pusiera lo primero "Español", luego Registrador y las cruces, y así se publicó en ABC. Con un par.
Estoy encantado de ser septalescente. Primero, porque el PSOE propondrá al Ayuntamiento que la Organización Mundial de la Salud reconozca a Salamanca "Ciudad amiga de las personas mayores"; que se pongan más bancos (de sentarse) y se rebajen más bordillos (yo me conformaría con los vecinos bordes). Pero también porque el Gobierno, aprovechando el Día Internacional de las Personas Mayores, nos mima ahora a los mayorcitos, más de ocho millones de batuecos de más de 65 tacos. Rajoy respetará las pensiones y anuncia un Plan para aumentar nuestro bienestar, la autonomía, la calidad de vida y la Biblia en verso. 348 propuestas para los mayores y yo con estos pelos. La persecución del voto del pensionista es proverbial, pero nadie ha logrado que todos votemos lo mismo. La foto del presidente en Moncloa con decenas de representantes de organizaciones consultadas, no es precisamente la gerusía, el Consejo de Ancianos de Esparta, ni el senado de la tribu sioux de Sitting Bull. Estos no mandan, obedecen, pero al menos se les ha escuchado.
Para ser feliz en la gerolescencia, hay que recoger lo que caiga de papá Estado y evitar ser un cascarrabias. Hay que ser un abuelo omnicomprensivo. Lo que la etnia gitana llama "anciano de respeto". Por ejemplo, ¿por qué empeñarse en echar a Mas? Es un político maleable, que por su larga experiencia debería seguir gobernando, aunque sea en esa especie de orfeón presidencial, o carrusel de feria rotatorio, que preparan el conde, la monja, el calvo, el cantautor?. Él es un "rebelde democrático", y debemos ser benevolentes para sus excelsas rebeldías.

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