Adiós al año del ébola

31.12.2014 | 04:45
Adiós al año del ébola
Adiós al año del ébola

Este que ahora comienzo a escribir es mi último artículo de 2014, un año que comencé diciendo del anterior, es decir, de 2013, que había sido para no olvidar. Pues de este digo lo mismo y por el mismo motivo, un año que conviene tener en cuenta para procurar no repetirlo. Pero esto de no repetir no está tanto en las manos de cada uno de nosotros como de otros que están por encima de nosotros, incluso del bien y del mal, a los que les debemos nuestro plan [no pan] de cada día, que no es como nosotros querríamos que fuese sino como nos viene dispuesto por quienes deciden sin consultar con nadie.
El año 2013 „escribí entonces„ estuvo profundamente marcado por la corrupción, no porque hubiese más que otros años, sino porque comenzó a rezumar de manera sorprendente con mayor fuerza que nunca y por todas partes. Allá donde se rascaba salía salpicando a lo más granado de la casta política, sindical, financiera y empresarial. Pues aquello no paró con el nuevo año y 2014 fue desde el primer día hasta el último, que es hoy, un devenir imparable de corrupción que ha dejado pequeño lo anterior, haciendo imposible olvidar nada porque todo es una sucesión de lo mismo que va de menos a más alcanzando en 2014 tamaño descomunal.
Y aquí estamos, a pocas horas de las uvas, viendo lo que entre unos y otros se han llevado, convencidos de que si nadie pone remedio se seguirán llevando. Al fin y al cabo es un propósito que están dispuestos a cumplir quienes han llegado a donde han llegado, meta que se marcaron y consiguieron no para quedarse con los brazos cruzados viendo como pasan las oportunidades por delante de sus narices para que se aprovechen de ellas otros... o nadie. Contra esto han hecho algo, muy oportuno y sonado a veces, pero de poco calado, lo que hace pensar que se hizo cara a la galería, muy calculado para que no se les vaya de las manos y acaben todos cayendo en su propia trampa, pensada solo para unos pocos.
Hemos visto como durante 2014 se ha venido desmoronando el tinglado político, al principio poco a poco, después de una manera aparatosa, que las encuestas vinieron detectando hasta límites preocupantes, con un PSOE ya sin Rubalcaba, que si bien lo dejó hecho unos zorros, quien ocupa su lugar, Pedro Sánchez, cada día que pasa ahonda más en su deterioro, porque no sabe por dónde anda ni qué terreno pisa y no consigue que su PSOE levante cabeza; y un PP con Rajoy que no termina de asombrar con su política, muy distante de la que y para la que se le eligió con mayoría absoluta, que ha conseguido hacer menos malo a Zeta Pe. Eufórico anda, porque „para él„ 2014 ha sido "el año de la recuperación", en el que se han puesto las bases con la solidez suficiente como para poder asegurar que la crisis "es historia pasada". Lo dice seguro del "despegue definitivo" que confía en la estabilidad del PP y del PSOE, los dos pilares del bipartidismo en galopante descomposición, y se siente políticamente fuerte, tanto como para confirmar su candidatura a las próximas generales.
A todo esto la casta va en aumento. Hasta las europeas eran los que eran, o sea, los de siempre, pero a partir de entonces cuenta [la casta] con otro más, que se ha integrado sin timidez. Ha entrado no de puntillas sino coceando, como una mula en una cacharrería, y arrastrando seguidores con una facilidad que asombra, comiéndole terreno a todos con voracidad insaciable. Encuesta que se hace, encuesta que lo confirma, la última hace apenas cinco días, siendo lo más destacable en política de este año que acaba, que ha sido también el último [como Rey] de Juan Carlos I y el primero de Felipe VI.

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