La verbena de San Silvestre

29.12.2014 | 04:45
La verbena de San Silvestre
La verbena de San Silvestre

De vivir en nuestros días, Tomás Bretón le hubiese escrito una obra a la carrera de San Silvestre. Quizá la Verbena de San Silvestre con un coro de miles de corredores y algunos solistas, disfrazados o no, que cantarían aquello de a dónde vas con malla apretada y camiseta de tirantes, a lo que no cabe más respuesta que a correr la San Silvestre y darme a la caña por el barrio, después. Tomás Bretón, nuestro maestro, nació un día como hoy de 1850 y su recuerdo permanece entre nosotros con sus estaturas, sus calles y su plaza, aunque sin el teatro que llevaba su nombre. Una de nuestras referencias culturales aunque las verbenas no estén precisamente de moda, y eso que algunos en Béjar pelean de forma notable para que lo estén desde su Cuadro Artístico Bejarano y la Agrupación Bejarana de Zarzuela. El género chico en según qué lugares no lo es tanto, como tampoco es chica esta San Silvestre Salmantina que reúne a miles de personas corriendo por las calles escalando cuestas, doblando esquinas y esquivando peatones empeñados en cruzar la calle a su paso y demostrando que en educación y respeto aún nos queda un trecho similar al que separó a los Alberto Sánchez, Rafael Iglesias y Antonio Núñez, que entraron primeros en el Paseo de San Antonio, del último en hacerlo de cuyo nombre nadie se acuerda y que tiene el mismo mérito, que es acabar la prueba. Con un dato notable, que todos teníamos a algún familiar o amigo en la prueba y descubrimos en ella a algún conocido, en mi caso, por ejemplo, a Pablo Torres, entrenador de rugby, o Jero Hernández, responsable de Protocolo de la Universidad de Salamanca, entre otros. Y así, en la salida o llegada, nos encontramos por allí conocidos y familiares. También esto merecería probablemente una escena de verbena de Bretón. Hay en la carrera, además, toques pintorescos: el homenaje a la subida del Mariquelo a la Torre de Campanas, y el tributado a los bomberos o los sanitarios del ébola o enseñanza pública; luego estaba el impresionante barco vikingo y el rosario de disfraces con los que algunos logran llegar a la meta, lo que tiene mérito de sobra.
La San Silvestre nos recuerda que el año se acaba, aunque esa mañana este diario se encargó de hacerlo igualmente con un recuerdo mes a mes de lo que ha sido este año. Una tarea de Hemeroteca que tendría su contraste con el de adivinación: ¿qué nos espera el año que viene?

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