El discurso del Rey

26.12.2014 | 04:45
El discurso del Rey
El discurso del Rey

Hacía mucho que un discurso navideño no daba tanto que hablar. Por lo que dijo y lo que se calló, y quizá por lo que quiso decir y las interpretaciones. Pero sobre todo por esa apertura con poderío, que diría el Mariquelo, dedicada a la corrupción y por el silencio sobre el caso de su hermana, aunque todos podemos pensar que quizá el asunto se hubiera metido en el saco general de la corrupción. Un discurso en el que abrió la puerta a una reforma constitucional y envió un recado al afirmar que la economía debe estar al servicio de las personas. Seguramente dijo más pero el alboroto de niños, platos, fuentes y copas en casa preparando la cena de Nochebuena no lo puso fácil, y de lo de Cataluña ni nos enteramos. Pero el dato es ese: nunca un discurso había sido tan comentado, como el hecho de la práctica ausencia de belén en las imágenes y la sencillez escénica, protagonizada por fotografías familiares, entrañables y como las que tenemos en casa, seguramente dando a entender algo. Ahora hay que ver si el discurso tiene o no consecuencias. O sea, del dicho al hecho.
Unas horas antes, como adelanté, Pablo de Andrés presentó Recóndita armonía en el Casino, cuyo patio se llenó. Estuvo la que podríamos llamar mecenas del libro, Maribel de Andrés, con su hija, Ofelia Grande, editora de Siruela, y editora de cabecera de quien escribe, que hizo de presentadora del autor, su tío, al que describió como obsesionado por la fachada universitaria hacia la que volcaba sus lecturas. Lecturas clásicas. Había colegas del autor, arquitecto, como Moisés Crego, Alfredo Martín Cubas o Paco Ledesma; gentes de letras, como Román Álvarez, decano que fue de Letras; de libros, como Rogelio Ingelmo, y curiosos de estos asuntos como Guillermo, nuestro barquillero, o Willy y su señora, habituales de todos los eventos culturales de la ciudad. Artistas, como Ignacio Chillón. Nuestro Pedro Díaz (¡viva el presidente!) estuvo entre las primeras filas, en las que se vieron, también, a representantes institucionales como Chabela de la Torre, Manuel Tostado o Julio López, pero también a Enrique Cabero e Isidro Rodríguez, por ejemplo. Y estuvo Paulette Gabaudan, viuda de Luis Cortés Vázquez, uno de los primeros en buscar solución a los enigmas salmantinos, y autora de un libro imprescindible sobre la fachada titulado El Mito Imperial.

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