El negocio de la ilusión

22.12.2014 | 00:01
El negocio de la ilusión
El negocio de la ilusión

El hombre que nos empuja a buscar el Gordo se apellida Delgado. Eso ya para empezar. La historia del anuncio de la Lotería es un cuento, porque además el bar de Antonio no se llama así sino bar La Muralla, lo regenta un matrimonio colombiano y está en el barrio madrileño de Villaverde, donde, que se sepa, aún no ha nevado este año. Todo es mentira, y lo sabemos muy bien. Pero nos da igual. Hay que reconocer que ese pequeño y emotivo cuento con el que el Organismo de Loterías y Apuestas del Estado ha anunciado este año el sorteo de Navidad ha acertado con el mensaje positivo de solidaridad y generosidad, con ese ejemplo que, seamos claros, no perseguía otra cosa que estimular la compra de décimos y más décimos. Pero hay unas y otras formas de hacerlo. Sin ir más lejos, recordemos el desvarío del año pasado y las mofas que generó el fallido intento de poner a unos cantantes entre muchas velas interpretando con gestos forzados.
Desde el Palacio Real se retransmite esta mañana la música más oída del año. Ésta no es de las que se bailan, y apenas se canturrean. Cuando está llegando la que dicen que es la Navidad de la recuperación, los españoles intentamos como cada año encontrar un atajo para salir de ésta. No es muy viable que suceda: leo que la probabilidad de que a cada uno de los que hoy jugamos nos toque el Gordo es del 0,001%. Hay más premios, sí, y está la pedrea, esa que esta mañana nos taladra los oídos desde las 9 en punto. Pero las estadísticas dicen que un 85% de los jugadores no recuperarán hoy el dinero que invirtieron. Nos sigue dando igual, porque estos asuntos no se dirimen con juicios racionales. Yo llevo perdiendo dinero con la Lotería desde que tengo memoria y no he dejado de jugar, siempre modestamente, porque lo que a todos nos espanta es precisamente que nos pase como lo que al Manuel del anuncio: ¿Y si toca y yo no he jugado?
El actor que encarnaba a Manuel se llama Alfonso Delgado y malvivía de su profesión. En su hogar, la música de la suerte la pone su esposa, interprete de violonchelo en la Orquesta Nacional.

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