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22.12.2014 | 04:45
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La Navidad es un tiempo de anuncios. Esperamos el primero del turrón, cada vez más tempranero, o saber cuál será el último del año y el que abre con la última uva el nuevo año. La Navidad es el anuncio de la Buena Nueva del Niño Jesús, y en ella todos esperamos que los niños de San Ildefonso canten hoy nuestro número y el Gordo (menos el 20% de Montoro) caiga entre nosotros. Se anuncian colonias a mansalva, los juguetes de moda, los horarios comerciales que favorezcan las compras y las bebidas con burbujas más propias de estas fechas. Se anuncia la Navidad como un tiempo de paz aunque no haya tregua entre los políticos y en las trincheras siga cayendo gente. Se anuncian buenas perspectivas para el nuevo año y escuchamos anuncios privados y públicos que desean que sea así. También, buenas intenciones: el año que viene anuncio que dejaré de fumar y haré más ejercicio. Hay tantas felicitaciones como anuncios estos días. La Navidad en sí misma es un anuncio.
Tiempo atrás lo que de verdad anunciaba la Navidad era el canturreo de los números de la Lotería. Cierto que ver a los guardias urbanos dirigir el tráfico rodeados de jamones, cajas de vinos y otros aguinaldos ya era un aviso, pero ese soniquete lleno de esperanza e ilusiones era de verdad el anuncio de que comenzaba la Navidad y era, también, el primer día de las vacaciones escolares. Ayer, por cierto, regresaron esos entrañables y viejos cacharros a salir a la calle y pregonarla mientras repartían el aguinaldo del guardia urbano a los más necesitados y solos. Un año más comenté a algunos organizadores que cada vez más modelos "antiguos" ya no me lo parecen tanto porque vengo a ser contemporáneo de varios; algunos, incluso, los conduje en su momento. Quizá este hecho me esté anunciando algo cada Navidad que prefiera ni escuchar ni entender, pero está ahí. Uno, escuchaba el soniquete de la Lotería –entonces en pesetas y hoy en euros„desde el fondo de la cama ajeno a la suerte: aquello no iba conmigo y lo realmente importante era la hora de salir a la calle para jugar con los amigos en el solar, por cierto, hoy centro de salud.

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