¿Nochevieja Universiqué...?

15.12.2014 | 04:45
¿Nochevieja Universiqué...?
¿Nochevieja Universiqué...?

Cuando estas líneas aparezcan habrán pasado ya tres días desde la celebración de la mal llamada Nochevieja Universitaria, que es en realidad un gigantesco macrobotellón que convoca a miles de jóvenes con el propósito de divertirse antes de volver a su casa a por el turrón rutinario de la Navidad familiar.
Recordemos que este festejo surgió de una manera espontánea, anárquica y saludable desde la entraña misma de los estudiantes y en un principio fue bien acogido por los hosteleros y las gentes de la ciudad que veíamos el evento con simpatía.
El sarao con los años fue a más y la fiesta desbordó sus propósitos iniciales, de tal manera que se convirtió, por la repercusión mediática „odiosa palabra„ y televisiva, en jugoso bocado publicitario para las marcas de bebida alcohólicas y azucaradas. Así aquella fiesta primitiva, que sólo se nutría del deambular festivo de los estudiantes, cayó en manos de organizadores profesionales que, con el permiso y la venia de nuestros mandamases, han convertido el guateque en un complejo negocio de tiques para abonar las consumiciones de los establecimientos hosteleros que se someten a su control, hoy por cierto divididos en dos bandos irreconciliables. Y sobre todo han transformado la Plaza Mayor en un gigantesco escenario publicitario, con todos los ingredientes de una operación comercial, en la que la fachada del Ayuntamiento es una disculpa para que la botella de Coca Cola más grande del mundo aparezca como primera y casi única referencia visual cuando las cámaras de todas las televisiones conectan en directo con la fiesta.
El espectáculo no deja de ser chocante y ofensivo para los hosteleros de la Plaza a los que no nos conceden licencia para poner en las terrazas unos discretos cortavientos, nos limitan las sombrillas en el verano y llevamos 4 años 4, de pugnas y polémicas para que nos concedan permiso para instalar los mismos modelos de estufas que calientan, adornan y hacen confortables las terrazas de los cascos históricos de todas las plazas europeas: desde París hasta Roma, desde Bolonia hasta la plaza de Bruselas. En fin mejor no dar rienda suelta a la retahíla de adjetivos que me acuden a la pluma, que hay abogados sin trabajo....

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