Las luces y las sombras

08.12.2014 | 00:08
Las luces y las sombras
Las luces y las sombras

El trabajo ya está hecho. Salamanca ha superado una nueva reválida, como sucede en cada puente festivo, cada fin de semana largo, como está siendo éste, en el que la capital charra echa el resto para estar a la altura como destino de ocio. Y parece que las primeras impresiones son positivas, a la vista de las últimas estadísticas oficiales y, sobre todo, de las sonrisas y la satisfacción con las que una amplia muestra de turistas consultada ayer por LA GACETA hacía balance de su estancia en nuestra ciudad.
Esta concentración de días en rojo de la primera semana de diciembre reviste un carácter peculiar. Con las Navidades a la vista, son fechas subrayadas en el calendario y destinadas principalmente, siempre que la cartera y las obligaciones le den a uno de sí, claro está, a dos objetivos: escaparse a alguna parte y hacer algunas compras. Los destinos turísticos urbanos, como Salamanca, aspiran a atender las dos demandas, y del éxito de esta misión puede depender la economía del principal sector de actividades y, por tanto, de miles de familias que se ganan la vida con ello.
A Madrid le pasa lo mismo que a Salamanca, solo que a una escala bastante mayor. Los medios nacionales se hacían eco ayer del hervidero de gente en que, a pesar de las bajas temperaturas, se ha convertido la capital de España este fin de semana, con los hoteles y hostales colgando el cartel de "completo" y el comercio en ebullición. Así lo pude comprobar yo mismo apenas un día antes, cuando al gentío de la Puerta del Sol sólo le faltaban los cuartos, las campanadas, los gorros y el espumillón para ser la Nochevieja. Siempre ha sido ésta una época de exaltación del consumo, que tras varios años de capa caída lastrado por la crisis parece que empieza a recuperar la alegría. La Plaza Mayor madrileña es el mejor ejemplo de esta economía de contrastes en la que vivimos hoy, ocupada estos días, como todos los años, por un espectacular Mercado de Navidad que muchos de ustedes conocerán y donde madrileños y turistas curiosean y compran todo tipo de artículos útiles o recuerdos inútiles. Un incesante gentío va y viene bajo un colorido "techo" colgado de lamparitas de colores protagonizando un ejemplo más de eso que se ha dado en llamar "ambiente navideño" cuando en realidad debería denominarse "estrés comercial con luces".

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