Ultras

02.12.2014 | 04:45
Marta Robles
Marta Robles

El domingo la reyerta de unos radicales hinchas futboleros derivó en la muerte de un hombre. Era del depor. Tenía 43 años, dos hijos y, desde luego tan poco aprecio a la vida como para jugársela en la ribera del Manzanares. ¿No creen que ha llegado el momento de que digamos basta ya? Entiendo que el fútbol es para muchos lo más importante de su existencia pero eso no es óbice para que se consienta todo lo que sucede en torno a él. Y no hablo de deudas de Hacienda, que también, o manifestaciones xenófobas que parece que se apartan de un manotazo con la declaración de un poderoso; me refiero, sobre todo, a la existencia de ultras en casi todos los clubes. La radicalidad extrema y sin duda peligrosa de estos grupos en los que se esconden los que no saben vivir sus vidas por si mismos, y se amparan en la masa para envalentonarse, se traduce en una violencia tan extrema, como para que se llegan a producir peleas tan salvajes como la que tuvo lugar el fin de semana pasado entre el Frente Atlético y el Riazor Blues junto al Calderón.
Lo más terrible del caso, es que se produjo con premeditación y alevosía. Los pendencieros se dieron cita para pegarse todo lo que pudieran eludiendo los controles policiales. A Francisco Javier Romero Taboada, alias Jimmy, perteneciente a una de las facciones de los hinchas más radicales del deportivo, la quedada le costó la vida.

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