Otro que se va

27.06.2014 | 05:00
M. Vicente
M. Vicente

Rubalcaba también se va. Después de 21 años en el Congreso de los Diputados ha decidido que ha llegado la hora de reincorporarse a sus tareas docentes como profesor de Química en la Universidad Complutense de Madrid. Lo malo es que el sustituto es el amigo de Caldera, el marido de la tal Amy Martin, ese ser etéreo que solo existía a efectos de cobrar de la fundación que gestionaba el ilustre ciudadano de Béjar, que al parecer tenía gran confianza en la magnífica escritora, pero no se había enterado que la "plumilla" no existía. Solo se conocían de referencias y por correo electrónico. Vamos que se la metió doblada su mano derecha en la fundación que gestionaba para nutrir al socialismo de ideas.
No sé si después del escándalo de la "ilustre" escritora, que cobraba pero nadie la conocía y que en realidad era la mujer o la pareja de Carlos Mulas, el PSOE se atreverá a dejar que tome posesión de su escaño a partir de septiembre.
La verdad es que, a pesar de la debacle sufrida por el PSOE de Rubalcaba, estoy convencida de que se le echará de menos. Tanto o más que a la pobre Maleni que, obligada a presentar su dimisión como vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones, nos privará de tantos momentos de gloria como los que nos ha dado hasta el momento la entrañable exministra de Zapatero. Nadie como ella, al menos en el ámbito político, ha sido capaz de arrancarnos una sonrisa, ya fuera para hablar de los fenómenos meteorológicos o para contarnos lo grande que es Barajas.
Magdalena Álvarez, antes "partía que doblá", se va como solo ella sabe hacerlo: escribiendo una página más a su glorioso currículum. Ni una mención al hecho de estar imputada en el fraude de los "Eres" de Andalucía, dice que se va ella, porque el PP quería echarla para colocar a otra persona en su puesto y que De Guindos estaba ejerciendo presiones para magnificar su presunta implicación en el fraude y entonces ella dijo: "el puesto para ti". Esta es "mi Maleni", que a decir verdad no se va con una mano delante y otras detrás, sino con 10.000 euros al mes hasta que se jubile y una vez cumplidos los 65, con un pensión vitalicia de 4.000 mensuales, compatible con la que pueda cobrar en España. Este tipo de cosas, y alguna más, son por las que la clase política en España está tan desprestigiada.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA

La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155 Fax admon. y publicidad: 923 258404
Aviso legal  |  Política de cookies